
LA SEMANA DE MAYO DE 1810 Y SU SIGNIFICADO
Sobre la semana revolucionaria de 1810 se ha dicho y escrito mucho debido a que, ni más ni menos, es el gran mito fundador de nuestro joven país por excelencia.
Ahora bien, entre tantos datos y relatos sobre un hecho tan circunstancial, muchas veces se pierde lo esencial del asunto, y aquí trataremos de tocar brevemente algunos puntos que puedan aportar una mejor comprensión de un proceso que tendrá múltiples dimensiones de análisis, y consecuencias irreversibles.
LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y SUS FACTORES EXTERNOS
Sin el cambio de condiciones políticas y estratégicas generado en la Europa de 1808 inmersa en las guerras derivadas de la Revolución Francesa, difícilmente pueda entenderse lo ocurrido en el mayo rioplatense de 1810.
Napoleón, el emperador francés, trataba de realizar un bloqueo económico continental a Gran Bretaña, su mortal enemiga, que volcaba al Viejo Continente su creciente producción industrial vía Portugal. Para lograr su objetivo final, el gran conquistador, sabía que debía lanzar una gran invasión al pequeño país ibérico.
Entonces, pidió un derecho de paso a su aliada España, geográficamente interpuesta entre ambos países. El plan se concretó a la perfección, pero a la vuelta de la campaña portuguesa y observando la superioridad militar con la que contaba, sumado al factor sorpresa, generaron en Napoleón la idea de apoderarse del territorio español.
Para ello capturó en primera instancia al rey Carlos IV y a su hijo Fernando VII, quien a su vez delegó sus poderes a la Junta Central de Sevilla, encargada de coordinar la resistencia de los súbditos españoles contra los invasores franceses.
Cuando las tropas napoleónicas avanzaron hacia el sur ibérico y capturaron Sevilla en 1810, la Junta cesó en su mandato y fue reemplazada por un mucho menos representativo Consejo de Regencia, localizado en Cádiz.
Ante el vacío de poder generado y la carencia de respaldo a las autoridades nombradas por la ya inexistente Junta en América, en casi todas las colonias españolas, se activaron grupos que destituirían a los virreyes y gobernadores para instalar Juntas de gobierno locales, que en algunos casos declararían inmediatamente la independencia, y otras que solo asumirían una transitoria autonomía.
Este fue el caso de lo ocurrido en la semana revolucionaria de 1810 en Buenos Aires, aunque aquí también jugaron otro tipo de factores…
LAS INVASIONES INGLESAS COMO PRELUDIO A LA REVOLUCIÓN
En 1806 y 1807 cuando España aún era aliada de Francia y enemiga de Inglaterra, esta última nación lanzó dos invasiones sucesivas con la idea de dañar a la primera y abrir un enclave comercial en el sur de América capturando uno de sus principales puertos: Buenos Aires.
Inicialmente, la invasión de 1806 fue exitosa, y se registró un hecho que tendría grandes repercusiones: la huída del entonces virrey del río de la Plata, Sobremonte, con el tesoro de la ciudad, que igualmente fue capturado por los británicos.
Gracias al empeño de las milicias populares conformadas por los súbditos porteños y la organización brindada por Pueyrredón y Liniers, Buenos Aires pudo ser reconquistada, y defendida exitosamente durante la invasión de 1807 donde la lucha involucró a los vecinos en una resistencia casa por casa.
Las invasiones inglesas dejarán secuelas importantísimas de cara a la posterior revolución: por un lado el Cabildo porteño sin esperar autorización desde España, decidió remover y juzgar por cobarde al virrey Sobremonte colocando a Liniers, el héroe de la Reconquista, en su lugar.
Por otro lado, con la conformación de milicias urbanas que luego de las invasiones no se desarmarán, la Revolución ganará un brazo armado inexistente en otros lugares de América, lo que contribuirá a que (junto con otros factores), la del Río de la Plata sea el único proceso de emancipación que no sea derrotado (aunque sea momentáneamente) por los realistas.
¿CRIOLLOS VS ESPAÑOLES O PATRIOTAS VS REALISTAS?
Muchas veces, para realizar una simplificación del relato histórico, caemos en un error recurrente: solemos hacernos la idea de que hacia 1810 existía un bando compuesto por nuestros criollos revolucionarios enfrentado contra españoles que pretendían seguir sosteniendo en América un imperio ya en decadencia.
Lo cierto es que en Historia 2+2 no siempre es 4, y la realidad es más compleja que eso: por empezar, todos (ya sea nacidos en la Península Ibérica o en América) se consideraban españoles, y de hecho, nuestros revolucionarios utilizaron como justificación de sus acciones, el resguardo de la fidelidad a la monarquía española puesta en peligro luego de la invasión de Francia y la caída de la Junta Central de Sevilla.
Podemos decir, que si bien desde que se iniciaron las Reformas Borbónicas del siglo XVIII, el aumento de los impuestos, sumado a la imposición de autoridades provenientes de España que desplazaron a funcionarios americanos y el recurrente monopolio comercial que beneficiaba a la metrópoli en detrimento de las economías coloniales, aceleró el creciente descontento de los criollos, en todo caso este era hacia la administración colonial y no a la monarquía española.
De hecho, dentro de la Primera Junta habían dos comerciantes antimonopolistas que eran españoles peninsulares (Larrea y Matheu), mientras que varios de los generales realistas, (los más notorios fueron Pío Tristán y Goyeneche), que enfrentaron a las tropas revolucionarias en el Alto Perú eran criollos americanos.
Si bien una vez iniciado el proceso revolucionario con sus correspondientes conflictos bélicos, fue ganando paso la idea independentista y el aborrecimiento por la monarquía española, en mayo de 1810 la disputa claramente era entre patriotas revolucionarios y realistas, y no entre criollos y españoles.
LA MÁSCARA DE FERNANDO COMO ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA: ¿INDEPENDENCIA ENCUBIERTA?
Cuando se conoció la noticia de la caída de la Junta Central de Sevilla, un grupo compuesto por militares, intelectuales y comerciantes antimonopolistas, decidió movilizarse con el fin de poner en cuestión la autoridad del virrey Cisneros. La presión fue tal, que este mismo debió ceder y convocó a un Cabildo Abierto para que los vecinos de la capital virreinal, (es decir aquellas personas que acreditaran una propiedad), trataran la cuestión del derecho a la continuidad en su cargo una vez caído el organismo que lo designó virrey.
La jornada del día 22 de Mayo posee una relevancia similar a la tan renombrada del 25, porque en ella se expusieron los argumentos tanto de aquellos que sugerían que su mandato había caducado, como de quienes opinaban que los sucesos europeos no debían interferir en la vida institucional del Río de la Plata.
La voz cantante de los revolucionarios la llevó el abogado Juan José Castelli, quien recurrió al argumento de Rousseau acerca de la “teoría de retroversión de poderes” según la cual, una vez desaparecido el poder del monarca, este debe volver al pueblo para que conforme un nuevo gobierno. Por otro lado, los realistas representados por la solemne figura del obispo Lué sostuvieron que las circunstancias no podían alterar la sujeción de las colonias a la autoridad de la metrópoli española, sea cual fuere su forma de gobierno.
La votación arrojó números contundentes: 162 sufragios a favor de la destitución y 64 en contra. Por lo tanto, la suerte del virrey quedó echada: debía cesar en su cargo y el Cabildo debía conformar una Junta de gobierno a la brevedad.
De hecho, tan solo dos días después, el 24, el nuevo órgano quedaba compuesto, aunque con un detalle nada menor: el mismo Cisneros detentaba el cargo de presidente de la Junta.
Los patriotas vieron esta artimaña por parte de los cabildantes simplemente como un ardid para que se simulara una cierta apertura cuando la realidad era que el poder quedaba así en las mismas manos. Solo cambiaba la forma.
La reacción no se hizo esperar y el 25 de Mayo, con el activo rol de patriotas como French y Beruti que movilizaron las milicias y parte del pueblo hacia la “Plaza de la Victoria” (hoy Plaza de Mayo), sumado a la presión que ejercieron Saavedra, Moreno y Belgrano dentro del Cabildo, los revolucionarios lograron que el virrey y los cabildantes renuncien y se conforme una nueva Junta, la que hoy conocemos como Primera Junta de Gobierno Patrio.
Pero, a diferencia de lo que ocurrió en otros lugares de América, el flamante órgano de gobierno revolucionario, no declaró la independencia de España sino que por el contrario, justificó sus acciones en un supuesto resguardo a la lealtad hacia el rey Fernando VII, que corría el riesgo de disolverse por completo ante el vacío de poder generado con la ocupación francesa.
En términos vulgares, podemos decir que se trataba de una estrategia que consistía en “cuidar” la soberanía de Fernando sobre el territorio rioplatense hasta que sea liberado y pueda reasumir el trono, lo cual en mayo de 1810, y con Napoleón en la cúspide de su poder, resultaba sumamente improbable. De ahí el nombre de “máscara de Fernando”, y su correspondiente asociación con una forma larvada de independencia.
Pese a que algunos miembros de la Junta, como Moreno (sin dudas el más revolucionario e ideologizado de todos), pretendían rápidamente separarse de España, lo cierto es que la estrategia funcionó a escala continental, ya que la represión operada por los realistas se centró más que nada sobre los territorios que declararon la independencia, y no tanto sobre los que como el Río de la Plata solo avanzaron momentáneamente por el camino de la autonomía. Muchos historiadores ven en esta estrategia política, sumado claro está a las hazañas bélicas de las tropas revolucionarias, la razón de la supervivencia de la Revolución aún en momentos en que todas las otras revoluciones en Hispanoamérica habían sido sofocadas.
LA REVOLUCIÓN EN PERSPECTIVA: ¿CAMINO DIRECTO A LA INDEPENDENCIA?
Hoy sabemos la consecuencia final y más importante de la revolución: la declaración de independencia de julio de 1816, en gran medida forzada porque lo improbable se volvió real: Napoleón fue derrotado y Fernando VII salió de su cautiverio dispuesto a reclamar su potestad sobre las colonias.
Sin embargo el abanico de posibilidades transitado en el medio fue amplio, y sujeto a la guerra con los realistas y la situación europea: incluso bajo el directorio de Alvear en 1815 (momento en el cual casi toda Hispanoamérica había vuelto a manos de los realistas y el Río de la Plata había quedado en la mira), se llegó a especular con la posibilidad de otorgar el territorio en protectorado nada menos que… a Gran Bretaña.
De todas maneras pese a que ese camino estuvo sembrado de incertidumbres y avatares, hubo todo un pueblo sacrificado, movilizado y liderado por auténticos patriotas que verdaderamente dio todo lo posible para que esa causa auténticamente revolucionaria se volviera realidad.
Fabricio Machiñena - profesor de historia
