Por estas horas, Sabina González está en Madrid, acompañada por su madre Mónica Tappella y por el argentino Gonzalo Erize, quien --sin conocerla y habiendo tenido contacto con ella solo mediante las redes sociales-- se cargó al hombro una campaña solidaria en Australia en su beneficio.
“Acá todo es bellísimo”, dice Sabina desde la capital española, a la que arribó hace algunos días y en la que aguarda con ansias el momento de concretar, por fin, su sueño de operarse para mejorar su calidad de vida.Sabina, --quien dialogó en varias oportunidades con La Nueva.-- se enteró a los 18 años que padecía esclerosis múltiple y, desde entonces, debió afrontar muchas situaciones difíciles y desesperantes, como la de recorrer clínicas de todo el país en busca de un tratamiento que pudiera mitigar su dolencia y que propiciara su recuperación.
Por Anahí González / agonzalez@lanueva.com
En todo ese tiempo –hoy tiene 26 años-- debido a esta enfermedad degenerativa que, día a día, le iba robando nuevas funciones se vio obligada a renunciar a muchas actividades propias de su edad. En cambio, pasaba sus horas tratando de sentirse mejor, y siguiendo al pie de la letra las terapias tradicionales y alternativas que le sugerían, siempre al amparo de su mamá.
Más allá de los obstáculos, supo despertar cada día con la esperanza de hallar una solución y de seguir peleando por optimizar su salud.
Finalmente, hace poco más de un año, luego de haber conocido la historia de Axel Pérez Watkins, quien también padecía esclerosis múltiple y había logrado superar su cuadriplejia tras una operación, tomó una decisión: haría todo lo que estuviera a su alcance para reunir fondos para operarse.
Si bien entonces parecía imposible reunir los 11 mil euros de la operación más el dinero para el pasaje y la estadía, de a poco, y gracias a la solidaridad de mucha gente, lo lograron.
Desde sus inicios, la página de Facebook Ayudemos a Sabina permitió la organización de eventos solidarios a los que se sumaron artistas de la localidad y la región, entre ellos el tornquistense Fabio González y el Grupo Universitario.
De este modo, y también a través de una cuenta en la cual la comunidad podía realizar donaciones, logró reunir parte del dinero.
Mientras tanto, Sabina iba viendo cómo el dinero conseguido hasta ese momento se desvalorizaba día a día por la inflación.
